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El rincón de Irenia

Diálogos con el mar

Alegría

Alegría Me acaban de dar una buena noticia: el primer proyecto que he realizado en la empresa en la que estoy trabajando desde junio ha gustado mucho al cliente que lo encargó.

Después de unas semanas de nervios, de roces con los colaboradores externos, de trabajo intenso para pulir el proyecto, de volver una y otra vez sobre el mismo tema, de dudas acerca de la calidad del producto, de pensar que jamás acabaríamos…, ¡ha llegado a buen puerto!

Si el día que lo terminé lo celebré con ganas, esta noche lo haré con más motivo.
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Pereza

Pereza Bendita pereza cuando uno puede rendirse a ella. Te atrapa poco a poco, se adueña de ti, te susurra que ya harás mañana lo que podrías hacer hoy. ¡Y es tan fácil ceder a sus deseos!

El calor también te atonta, te hace ir más lenta de lo normal en las tareas cotidianas. Prefieres un paseo por la playa para refrescarte o, como mínimo, sentir el tacto de la arena en la planta de los pies y oler la brisa marina mientras contemplas las diferentes tonalidades del azul del mar.

Al final sabes que el tiempo que perdiste cediendo a la pereza deberás recuperarlo, como mínimo, no concediéndole más. Te pones las pilas y reemprendes las tareas abandonadas. Aunque fue bonito rendirse a ella.

En brazos de Morfeo

En brazos de Morfeo Es jueves, está anocheciendo y desde hace un rato sientes cómo el sueño se va apoderando de ti. Tampoco ha sido una semana excesivamente dura, pero te sientes cansada. Esta mañana ya te ha costado más de lo habitual levantarte de la cama.

Te sientas un rato en el sofá después de cenar. Saboreas un trozo de chocolate mientras zapeas. No hay nada que llame tu atención. Cierras la caja tonta y te quedas un rato más sentada, jugando con el mando a distancia. Notas como los ojos pesan cada vez más.

Vas a la cocina a por un vaso de agua y caes en la cuenta que deberías fregar los platos, pero ahora no puedes. La pereza se está adueñando de ti.

Decides acostarte. Aún es temprano, sin embargo. No estás acostumbrada a irte a la cama tan pronto. Aprovecharás para leer. Últimamente sólo lo haces en el metro y sabes que deberías dedicar más tiempo a la lectura, además, esta novela te tiene atrapada.

Por suerte mañana ya es viernes y los viernes son siempre diferentes: por delante esperan dos días de fiesta.

Te metes en la cama, reemprendes la novela en el punto en el que la has dejado por la tarde y sientes cómo Morfeo te acaricia pausadamente para acabar abrazándote. No te rindes más y cedes a sus (tus) deseos.

Buenas noches

Lunes, 11 de julio de 2005

Lunes, 11 de julio de 2005 El aire entra a través de la ventana; es una brisa suave que huele suavemente a humedad y a mar. El cielo después de cinco días vuelve a lucir claro y sin apenas nubes. El sol preside de nuevo el cielo y sus rayos amenazan con calentar dentro de un rato. La ciudad se está despertando.

En la oficina aún no hay nadie. Organizo los papeles que tengo encima de la mesa y me hago el plan de trabajo para la semana. Confío en cumplirlo.

Me pongo los auriculares para aislarme de los ruidos que entran de la calle: aviones, operarios. La voz de Sarah Brightman me relaja y me ayuda a concentrarme.

Miro el calendario: hoy comienza la segunda semana de julio. Dentro de un mes estaré de vacaciones, en la playa, en buena compañía. Sonrío. Ya falta menos, me digo.

Un reloj lejano da las nueve de la mañana. Es momento de ponerse a trabajar.

Feliz semana.

Cosas de niños

Cosas de niños Esta mañana he compartido parte del trayecto en tren hasta la oficina con un niño de dos años y su padre. Mientras hacía ver que leía, les observaba de soslayo. El niño estaba sentado a mi lado, su padre justo delante de mí. El padre estaba enseñando a su hijo cómo debía sentarse de manera correcta al ir en transporte público. El niño, con una cara de travieso que hará las delicias de las niñas dentro de unos años, miraba a su padre y se ponía de pie sobre el asiento; el padre le decía que se sentase de nuevo o bien harían el trayecto de pie. El niño volvía a sentarse correctamente y, al rato, con la misma cara de pillo de antes volvía a subirse al asiento.

La “lucha” entre padre e hijo ha durado un rato. Al final ha ganado la batalla el padre, quién al ver que el niño se tomaba el viaje en tren como un juego, e imagino que pensando que el comportamiento de su hijo podía molestar a las personas que compartían esos asientos, le ha obligado a dejar el asiento y hacer el viaje de pie. Pero el niño no se ha rendido, ha vuelto a sentarse, ha mirado a su padre otra vez con sus ojos astutos y ha comenzado el juego de nuevo.

No sé quién ha ganado la “guerra” porque he llegado pronto a mi destino, pero puedo asegurar, por lo que he visto, que ese niño cuando crezca dará mucha.

Perlas de sabiduría

Perlas de sabiduría He encendido el televisor mientras cenaba. Me hace compañía un rato, aunque cada día me cuesta más quedarme parada en un canal. Haciendo zapping me ha parecido ver a una antigua profesora de la facultad. He regresado a ese canal y efectivamente era ella: Victoria Cirlot. No lo he dudado ni un instante: he dejado esa cadena. El programa en el que estaba invitada trata sobre literatura y cada semana hacen una entrevista a un escritor que es noticia en esos días bien por la publicación de un nuevo libro, bien por el aniversario de la edición de una obra suya emblemática (ese fue el caso de Eduardo Mendoza al cumplirse los 30 años de la publicación de La verdad sobre el caso Savolta que es, a mi parecer, la mejor novela que ha escrito). Victoria Cirlot acaba de publicar Figuras del Destino . Mitos y Símbolos de la Europa Medieval , un ensayo sobre tres de los personajes más relevantes de la literatura medieval: Lancelot, Tristán y Perceval.

Victoria Cirlot es una de las mejores especialistas en el ciclo artúrico y en literatura medieval que tenemos en este país. Tuve la suerte de tenerla de profesora, pero la desgracia que durante el segundo ciclo de la carrera –que era cuando tuve libertad para elegir el mayor número de asignaturas— no diese ninguna sobre el ciclo artúrico, que desde niña me ha apasionado. En cambio, gracias a su asignatura de literatura comparada centrada en el amor en la literatura medieval, aprendí que es de locos casarse con la persona a la que amas (Denis de Rougemont dixit en El amor y occidente después de analizar el amor de Tristán e Iseo).

Esta noche he cenado acompañada por Arturo, Lancelot, Perceval, Yvain, Tristán, el Santo Grial, los laberintos, los viajes iniciáticos, las justas…, y un montón de pequeñas perlas de sabiduría de las que me he alimentado mientras veía la televisión y que aún paladeo ahora.

Pero mi cabecita no para de pensar en una de esas perlas que he degustado esta noche. Es cierto que en la edad media la literatura tenía una función didáctica, se leía en público y en público se admiraban las miniaturas que iluminaban los libros (un objeto de lujo sólo al alcance de unos pocos), con lo que los héroes debían ser tomados como ejemplo de virtudes. Entonces, ¿por qué dos de los grandes héroes medievales convierten a sus amadas en adúlteras traicionando a un gran amigo (en el caso de Lancelot) o a su tío (en el de Tristán)?

El relato que pensaba escribir esta noche se ha desvanecido. Quizá lo comience mañana.

Impulsos

Impulsos Soy una mujer impulsiva, siempre lo he sido y aunque con el tiempo he aprendido a controlar mis impulsos y a no dejarme vencer por ellos, hay veces que no puedo evitarlo.

El viernes cedí a uno.

Entré en una librería que tengo cerca de casa a mirar libros sobre el tema en el que estoy trabajando y allí estaba, sobre una de las estanterías. Sólo quedaban dos ejemplares. “Edición del centenario” rezaba la portada. Cogí uno casi ceremoniosamente, la edición estaba muy bien cuidada, las ilustraciones eran preciosas e imaginé la cara que pondría él al ver la cubierta deliciosamente diseñada, al sentir el peso entre sus manos, al ver las ilustraciones del interior… “Debe tenerlo”, me dije, “sabrá apreciarlo”. Miré el precio y sin pestañear se lo compré.

No sé cuándo se lo podré regalar, ahora está demasiado lejos, pero lo guardaré en una de mis estanterías hasta que se lo pueda dar. Si mi corazonada no falla, le encantará.

Cartas

Cartas Escribir cartas es una de las maneras más hermosas de mantener el contacto con las personas que quieres y están lejos. Es hermoso sentarse frente a una hoja de papel, acariciar la página en blanco, coger la pluma recién cargada y deslizarla suavemente sobre el papel dejando fluir las palabras.

Por desgracia cada vez escribo menos cartas.

Pero, porque siempre debe haber un pero, el correo electrónico y el documento en blanco han sustituido a la carta y a la hoja de papel. El ritual no es tan sensitivo, es cierto, pero el fluir de las palabras es el mismo y la alegría de recibir noticias de los seres queridos idéntica. Frente a una hoja de papel o un documento en blanco es mucho más fácil expresar algunos sentimientos que a viva voz cuestan de articular. Pero esto, como decía Michael Ende, es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión.

Por cierto, hoy sin falta debo escribir “carta” con destino Londres.

Noche de finales de junio

Noche de finales de junio El calor es sofocante, el poco aire que corre parece quemar a quién lo recibe. Las noches se hacen largas a pesar de que son más cortas de nunca.

Tumbada en la cama oyes los ruidos que vienen de la calle: amigos que ríen, basureros que trabajan, gaviotas que graznan.

La luna preside el cielo que ves desde la ventana de tu habitación. No la cubre ni una sola nube y piensas que si estuvieses en la montaña verías las diferentes constelaciones y, entonces, te repites a ti misma que tienes que aprender a distinguirlas de una vez, que debe ser hermoso estar con alguien a altas horas de la mañana sobre una colina contemplando el firmamento.

Te das la vuelta por enésima vez. No hay manera de conseguir dormir. Mañana el despertador sonará temprano; él no distingue si has descansado o no, él simplemente cumple con su cometido.

Por suerte la semana ya se acaba, intentarás descansar los días de fiesta, pero sabes que te apetece salir, estar con los amigos, vivir la vida, y sientes que las horas de sueño que ahora estás perdiendo no las recuperarás. Aún así adoras el verano, la alegría que te transmite, la vitalidad de la que te impregna, y das una vuelta más y te abrazas a la almohada deseando que pronto se convierta en alguien especial y puedas compartir con él las noches veraniegas con sabor a mar que tanto adoras.

Felices sueños

Sant Joan

Sant Joan Cada mañana, justo después de apagar el despertador, enciendo la radio para escuchar las noticias mientras me preparo para salir de casa e ir al trabajo. En la emisora que sintonizo, ponen una canción justo antes de las 8 de la mañana y procuran que cada día tenga que ver con la noticia más importante de la jornada. Ayer eligieron Per Sant Joan de Joan Manuel Serrat.

Mi madre me había hablado muchas veces de ella, del fiel relejo que el letrista hace de las noches de San Juan de la época en que mi madre era pequeña, y, mientras me tomaba el café y escuchaba la canción, la nostalgia apareció. Volví a revivir los sanjuanes de mi niñez en casa de mis tíos abuelos: por la tarde, algunos niños del barrio venían a pedir madera o trastos viejos para montar su hoguera y, desde el balcón, veíamos como la más cercana iba creciendo; luego íbamos a la panadería y comprábamos el pan de molde para la cena especial de la noche, sándwiches que preparaba concienzudamente con mi tía. De postre comíamos la tradicional coca de Sant Joan que mi abuelo había comprado en la pastelería. Finalmente, salíamos al balcón y veíamos los fuegos artificiales pintar el cielo de Barcelona. No era una gran fiesta en realidad pero, la ilusión de los niños que pedían madera por las casas, la de mis tías por tener a toda la familia reunida una vez más en casa y la de una niña por vivir todo aquello intensamente, hacen que esos sanjuanes sean de los más especiales de mi vida.

Formulé un deseo en la noche de San Juan…

Formulé un deseo en la noche de San Juan… Hace casi un año dejé este blog parado con una carta dirigida al personaje de Irenia creado por José Luis Sampedro de quién adopté el nombre al sentirme identificada con su manera de sentir y entender la vida; unos días antes, colgué la letra de una canción de Presuntos Implicados que, ligeramente, tiene algo que ver con la mágica noche de San Juan y la tradición de pedir deseos, quizá porque yo también pedí uno esa noche de San Juan.

En este tiempo de alejamiento bastantes cosas han cambiado en mi vida, algunos sueños se han cumplido, otros, en cambio, deberán esperar todavía unos sanjuanes más. Pero lo más importante es que por fin he recuperado el vigor que le pedía a Irenia en mi carta. Me vuelvo a sentir llena de energía, de vitalidad, con el ánimo levantado a pesar de tener todavía algunos de los problemas que me preocupaban hace un año y medio. Ahora soy más Irenia que nunca y, justo por eso, este blog vuelve a resucitar.
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Carta a Kilia, Falkis, Nur, Irenia, Glauka...

Carta a Kilia, Falkis, Nur, Irenia, Glauka... Kilia, Falkis, Nur, Irenia, Glauka... cinco nombres para una sola mujer, cinco nombres para una sola existencia.

Ahram te bautizó como Glauka pero para mí siempre serás Irenia, porque con ese nombre te conocí y descubrí lo que teníamos en común.

Tu vida ha vuelto a la mía impregnándola de fuerza, lucha, ilusión... En definitiva, de Vida.

¡Cuánta razón tenías cuando dijiste que «la vida no se cansa de reflotarnos, viene otra ola y nos levanta, es misericordiosa, las penas dan realce a las delicias, éstas no lo serían sin aquellas»!

Me queda tanto camino por recorrer, tanto por luchar, por sentir, por vivir. Pero sé que tú estarás allí dándome ejemplo; no en vano elegiste la mortalidad en vez de vegetar como ser inmortal.

Gracias por estar allí, esperándome para volver a contarme, con tu voz de sirena, tus penas, tus amores, tus vértigos. Y gracias por permitir que aprenda de ellos.

Sant Jordi y el silencio

Sant Jordi y el silencio Hace días que no te escribo; una semana para ser exactos.

Estos días han sido movidos, muy movidos; apenas doy abasto con todo lo que llevo entre manos y
la apatía se ha apoderado de mí.

El viernes fue Sant Jordi. Ya sabes lo especial que ha sido siempre ese día para mí: me gusta ver las calles llenas de libros y rosas, perderme por las Ramblas contemplando el corazón de mi ciudad, descubrir las caras de los turistas alucinados al ver todo lo que pasa delante de ellos... Quizá por eso, tu ola (absolutamente desconocida para mí) me envió tu respuesta ese día (no, no dejaré que los piratas puedan conmigo).

Pero en este Sant Jordi eché en falta la ilusión de los precedentes. Salí a la calle como cada año, y como cada año fui con L. Paseamos por las Ramblas, nos mojamos en Rambla Catalunya (la tormenta de verano adelantada nos pilló allí) y acabé en el stand de la empresa para la que aún trabajo, donde los escritores, mojados por la tormenta que acababa de caer, comentaban el transcurso de la jornada entre ellos, felices, conscientes de que ese era su día. Pero yo sentía que me faltaba algo.

Al llegar a casa encontré dos rosas esperándome: la de mi padre de cada año y otra virtual enviada por un amigo que me sorprendió y dio un poco de calor a mi corazón. Ese detalle me hizo sonreír y me recordó que, en los momentos difíciles, siempre hay quien te tiende una mano.

Buenas noches. Espero escribirte un poco más esta semana, y si no lo hago, por favor, no me lo tengas en cuenta.

La incógnita

La incógnita Hoy he tenido la necesidad de ir a verte, de verte y de hablarte como hice con tu hermano hace sólo unos días. A veces pienso que vosotros tenéis las respuestas a todas nuestras dudas: sois viejos, sabios e indomables. Pero no he podido hacerlo, sólo he podido escribirte esta carta y enviártela en una botella imaginaria con la esperanza de que la recibas y puedas dar respuesta a la incógnita de qué me está ocurriendo.

Hace tiempo que me noto rara, distante, incluso arisca, y este fin de semana me he dado cuenta de que hace demasiado que esto ocurre.

No me apetece mantener largas conversaciones como antes; me cansa lo que antes me distraía; en las reuniones con mis amigos estoy como ausente; no tengo ganas de salir y me obligo a ello para no encerrarme en mí misma; apenas consigo que algún libro nuevo logre engancharme; pocas películas consiguen captar mi atención. Sólo busco aquello que me haga reír y me haga olvidar por unos instantes de mi realidad más cercana.

Las vacaciones fueron una paréntesis en esta situación, pero el viernes, al saber el día en el que me quedaré sin trabajo, me salió un cansancio viejo que parece haberse apoderado de mí.

Supongo que todo se debe a la tensión acumulada en estos meses y al saber que, en realidad, todo no ha hecho más que empezar. Todavía me queda mucho camino por recorrer.

Sé que algunas relaciones se han resentido de todo esto y espero que puedan entender los motivos que me han llevado a actuar de una forma determinada en algunos momentos.

Confío en que, desde lo más profundo de tu ser, nazca una ola que me traiga una respuesta, y ésta venga acompañada de la fuerza y la esperanza para seguir adelante. Mientras, seguiré escribiéndote.

Volver a casa

Volver a casa No tuve ni tiempo de despedirme, la última semana fue casi de infarto. Pero las vacaciones me han dejado como nueva. He tenido tiempo para descansar, para pensar, para ver a la gente que quiero y disfrutar intensamente de su compañía...

Aunque en realidad, volver a Gijón es como volver casa. Me gusta perderme por sus calles: Corrida, Los Moros, San Bernardo; andar sin rumbo por Cimadevilla, subir a la Torre del Reloj, contemplar el Retablo del Mar que se encuentra en la Casa-museo Jovellanos, llegar al Elogio del Horizonte que corona el Cerro de Santa Catalina; ver los barcos del puerto deportivo; pasear por el Paseo del Muro contemplando la playa de San Lorenzo; y sobre todo sentir el mar, percibir su olor, ver como cambia de color, como las olas rompen en la playa o en las rocas.

Estos días he hablado mucho con el mar, con ese mar que llevo en el corazón. Le he contado lo que siento, todo lo que me ha pasado en estos últimos meses como si de un confidente se tratase. Y él me ha contestado en su lenguaje, en un lenguaje que sólo entendemos quienes le amamos. Sé que él se ha llevado parte de mi congoja y me ha dado mucha fuerza, esperanza e ilusión.

Leyendas

Leyendas Desde niña me han fascinado las leyendas, esas pequeñas historias que pretenden explicar hechos de nuestra realidad: el nacimiento del mundo, la existencia de un río o de una montaña, por qué el agua del mar es salada...

Seguramente la afición me viene de mi padre, que siempre que visitábamos un nuevo lugar investigaba sobre las historias allí acontecidas y muchas veces él inventaba las suyas propias. Me encantaba escucharle.

La verdad es que yo también he heredado esa pasión y antes de ir a una ciudad que desconozco me gusta empaparme de sus leyendas, y una vez estoy allí encontrar quien me cuente qué ocurrió en ese lugar muchos años atrás.

Quizá porque él siempre inventó historias para mí, ahora soy yo la que crea cuentos para aquellos que me importan. Creo que es una manera bonita y sencilla de decir muchas cosas que pueden parecer complicadas.

Una leyenda o un cuento te hacen soñar, despiertan tu imaginación y también las ganas de conocimiento. Aún recuerdo cuando siendo niña preparaba los exámenes de Historia como si de cuentos se tratase, o me veía viviendo en otras épocas.

Y es que dejar volar la imaginación en algunos momentos es muy fructífero.

Navegar

Navegar Navegando por uno de los blogs que me tiene robado el corazón, he encontrado esta frase:

Estar donde estamos, permanecer atentos a lo que ocurre para no hundirnos, coger con fuerza el timón son tareas primordiales. Y ante todo, seguir navegando con la confianza de que llegaremos a buen puerto. Silvia Salinas

La navegación es la metáfora perfecta de la vida: zarpamos, nos encontramos con con travesías plácidas, con tormentas que hacen tambalear el barco y en todo momento debemos luchar para no perder el timón y llegar a buen puerto.

Ahora mismo estoy en una de esas tempestades: los rayos quieren tocarme, quieren herir el palo mayor, pero haré lo imposible para que no lo consigan.

Navegaré, navegaré, navegaré.

Entereza

Entereza Al salir de casa el cielo estaba negro. Parecía un día de invierno y no de primavera. No volví atrás a por el paraguas. Pensé que quizá no descargaría antes de volver del oftalmólogo.

Cuando salí de la visita llovía, parecía que el cielo vertiese lágrimas como hacía yo. Las peores expectativas se cumplieron: no volveré a ver con el ojo izquierdo.

El día de antes salí de la consulta con la sonrisa pintada en la cara: parecía que después de medio año podría volver a ver; pero mi ojito no resistió la prueba: se hirió de nuevo, ha padecido demasiado ya.

Hoy sigue lloviendo, incluso hace más frío que ayer, siento como penetra en mi cuerpo y cala hasta mis huesos. Pero la entereza me acompaña. Me veo con fuerza para asumirlo, aunque no me daré por vencida, lucharé para volver a ver; no tiene por qué ser mañana, ni pasado, sólo espero que ocurra alguna vez.

Cambios

Cambios Se avecinan cambios. Me dieron la noticia ayer. Ya hacía días que la esperaba pero el golpe ha sido fuerte igualmente. Probablemente en junio me quede en paro; no hay trabajo para todos y los últimos en llegar siempre son los primeros en irse.

La verdad es que no sólo lo sentiré por lo que representa buscar un trabajo de nuevo, sino por los compañeros que dejaré atrás, por la tarea que desempeño, por la cantidad de cosas que aprendo día tras día, por el espíritu de superación que representa mi labor.

Justamente antes de ayer, mientras adaptaba un cuento para niños de cuatro años, pensaba en lo afortunada que era por estar allí, pero ya hace tiempo que la cosa está mal.

Este año nos lo hemos pasado casi todo en blanco y eso es insostenible.

Quizá y sólo quizá pueda seguir adelante. Pero no depende de mí, ni siquiera de mi jefe; depende de las altas instancias del estado.

Sólo espero que la reforma que hagan sea lo que nos merecemos.
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Primavera

Primavera El olor del mar se filtra a través de la ventana. Desde el viernes me acompaña. Parece mentira que una planta pueda tener ese olor tan intenso; es una especie de coral blanco que impregna de olor toda la casa y lo llena de vida. Fue una especie de regalo de Primavera; sí, un regalo de Primavera unas horas antes de que llegase. Mis escamas imaginarias desean salir a la superficie con ímpetu para encontrarse con un habitante del mar. ¡Si la planta pudiese hablar! ¿Qué contaría? ¿Existen las sirenas? ¿Neptuno es el amo del océano? ¿Por qué el olor y el color del mar nos fascina de esta manera? No sé si tendría respuesta para todo.

Ya hemos dejado atrás el invierno. A veces pienso que soy como uno de esos animales que invernan durante toda la estación, porque en estos meses siento estar en una especie de letargo. Sé que incluso el blog se ha visto afectado por ello; ha quedado tanto por contar... Pero ya pasó. De nuevo siento que la vida llama a la puerta; la vida, la pasión, el sol, el mar...

Bendita Primavera que es capaz de transformarme de esta manera.
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