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El rincón de Irenia

Sant Jordi y el silencio

Sant Jordi y el silencio Hace días que no te escribo; una semana para ser exactos.

Estos días han sido movidos, muy movidos; apenas doy abasto con todo lo que llevo entre manos y
la apatía se ha apoderado de mí.

El viernes fue Sant Jordi. Ya sabes lo especial que ha sido siempre ese día para mí: me gusta ver las calles llenas de libros y rosas, perderme por las Ramblas contemplando el corazón de mi ciudad, descubrir las caras de los turistas alucinados al ver todo lo que pasa delante de ellos... Quizá por eso, tu ola (absolutamente desconocida para mí) me envió tu respuesta ese día (no, no dejaré que los piratas puedan conmigo).

Pero en este Sant Jordi eché en falta la ilusión de los precedentes. Salí a la calle como cada año, y como cada año fui con L. Paseamos por las Ramblas, nos mojamos en Rambla Catalunya (la tormenta de verano adelantada nos pilló allí) y acabé en el stand de la empresa para la que aún trabajo, donde los escritores, mojados por la tormenta que acababa de caer, comentaban el transcurso de la jornada entre ellos, felices, conscientes de que ese era su día. Pero yo sentía que me faltaba algo.

Al llegar a casa encontré dos rosas esperándome: la de mi padre de cada año y otra virtual enviada por un amigo que me sorprendió y dio un poco de calor a mi corazón. Ese detalle me hizo sonreír y me recordó que, en los momentos difíciles, siempre hay quien te tiende una mano.

Buenas noches. Espero escribirte un poco más esta semana, y si no lo hago, por favor, no me lo tengas en cuenta.
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