Pereza

El calor también te atonta, te hace ir más lenta de lo normal en las tareas cotidianas. Prefieres un paseo por la playa para refrescarte o, como mínimo, sentir el tacto de la arena en la planta de los pies y oler la brisa marina mientras contemplas las diferentes tonalidades del azul del mar.
Al final sabes que el tiempo que perdiste cediendo a la pereza deberás recuperarlo, como mínimo, no concediéndole más. Te pones las pilas y reemprendes las tareas abandonadas. Aunque fue bonito rendirse a ella.
3 comentarios
Irenia -
Besos
acróbatas -
Cide -