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El rincón de Irenia

La cita II

La cita II Aquí dejo la segunda parte del relato que comencé el domingo.

La cita II

El café estaba lleno, pero al fondo quedaba libre una mesita que ocuparon enseguida. Le pareció que no tenía el aire íntimo de la otra vez, quizá por el número de gente, quizá por el sol de tarde fuera del local, quizá por… Quizá era ella la que se sentía diferente.

Temió arrepentirse de la invitación realizada casi a bocajarro y por despecho. Realmente no conocía de nada al hombre con el que se acaba de sentar a tomar un café y tampoco sabía si su humor encajaría bien no entenderse con él, si se daba el caso. Comenzaron a hablar de trabajo, era su vínculo común; ninguno de los dos se atrevió a preguntar al otro por el motivo de la demora en la oficina, aunque él hubiese afirmado abiertamente que le habían plantado. Se notaba que ambos deseaban cambiar el tema de la conversación, en algunos momentos parecía que todavía siguiesen trabajando. Y de repente, algo pasó. Se les acercó un vendedor ambulante de top manta ofreciéndoles en DVD la película que ella había visto a principios de semana en el cine. Él también la había visto días atrás y le pareció estupenda. Le contó punto por punto el motivo de su entusiasmo por aquella película: el argumento, los personajes, la narración, el montaje… No había duda su gran pasión era el cine. Ella se dejó seducir por sus palabras, por sus gestos… Se sentía muy cómoda a su lado.

Sin darse cuenta se les hizo la hora de cerrar el local. Decidieron ir a cenar y seguir con la charla cada vez más animada. Se notaba que cada vez se sentían mejor el uno con el otro. Habían pasado de ser dos extraños a casi dos confidentes.

Después de la cena fueron a tomar una copa. Esta vez eligió él el local. Ella hacía rato que había decidido dejarlo todo en sus manos y dejarse llevar. ¡Hacía tanto que no se sentía así con alguien! La llevó a uno pequeño, de dos plantas; la primera estaba llena así que subieron a la segunda donde no había nadie más. Se sentaron como lo habían hecho durante las horas anteriores: uno frente al otro, pero se notaba que había una química especial entre ambos. La conversación por fin derivó al tema que ambos habían estado esquivando desde que salieran de la oficina: ¿por qué se habían refugiado en el trabajo en lugar de salir pronto? Ella no pudo mentir y confesó que su cita también había fallado. Él sonrió. Enlazó sus dedos con los de ella y observó cuál era su reacción. Ella le respondió cogiéndole la otra mano.
--¿Tu novio? –se apresuró a preguntar él.
--¿Tu novia? –respondió ella coqueteando abiertamente con él.

Se miraron a los ojos sonriéndose y él se le acercó lentamente hasta que la besó. ¡Cuánto necesitaba ella ese beso!

No volvieron a hablar de sus respectivas citas anuladas.

Fueron los últimos en salir del bar y lo hicieron cogidos de la cintura. Ambos parecían necesitarse aquella noche. A esa hora ya no podían ir a ningún local donde se les permitiese seguir con la conversación y ninguno de los dos quería acabar la noche ahí, así que tomaron rumbo a casa de ella.

Ella intuía que algo iba a ocurrir. Las manos de él la cogieron por la cintura en el ascensor y subieron hasta tocar sus pechos por dentro de la camisa mientras ella intentaba abrir la puerta de casa. “No pienses”, se repetía ella, “no pienses”.

Los besos se repitieron, esta vez acompañados de caricias sabias. Se sirvieron una copa y siguieron hablando. Parecían que los temas de conversación jamás se agotaban con él y esto todavía la atraía más. Se sentaron en el sofá, allí parecía correr más aire que en las sillas del comedor donde se habían sentado inicialmente. Al poco rato ella se estiró en el sofá y usó las piernas de él de cojín. ¡Se sentía tan bien así! Él le acariciaba el pelo mientras seguían charlando. ¿Qué hora debía ser? ¡Qué más daba! Él se levantó con suavidad y la dejó totalmente recostada sobre el sofá. Se arrodilló en el suelo y la besó de nuevo.
--Te deseo –confesó.

Un extraño mecanismo se puso en funcionamiento en el cerebro de ella. ¡No puede ser! ¡Es un compañero de trabajo! ¡Lo veré cada día! ¡No me puedo liar con él y aún menos por despecho de otro hombre al que aún deseo!

Se incorporó violentamente.
--¡No! –exclamó—. Dejémoslo aquí.
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4 comentarios

desdemona -

Sólo irenia es capaz de dejar el relato en ese punto y decir que no nos impacientemosp orque pronto habrá más... pero si nos estamos comiendo los nudillos!!!!!!
No cambiarás nunca

Irenia -

Cide, en la realidad yo también me pido una cita como esta con otro final.

Acróbatas, es que soy mala malísima ;-p.

Ya veremos qué les sucede a los protagonistas. El relato aún no está terminado.

acróbatas -

Alaaaaaaaa!!!!, ¿pero como se puede cortar algo así llegados a este puntoooo? :

jajajaja....

Cide -

las mujeres...

...siempre tan cerebrales :P
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