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El rincón de Irenia

Esa mirada

Esa mirada

Hay miradas que lo dicen todo, miradas que te arropan, miradas que anuncian sufrimiento, miradas que te dan las gracias, otras que dicen cuánto importas a alguien…

Esa noche de camino a casa no podía olvidar la luz de su mirada sobre ella. Nunca le había visto esa expresión en los ojos. Hacía mucho tiempo que se conocían, eran dos buenos amigos que compartían lo bueno y lo malo de sus vidas; pero esa mirada…

Era difícil describirla, parecía una mezcla de gratitud y de cariño sincero, pero, sobre todo, ella tuvo la sensación que era la manera de decirle “te quiero mucho”.

Se metió en la cama aún turbada y con la mirada de él fijada en su memoria. Recordó punto por punto el desarrollo de esa noche: el teatro, la cena, la copa en la terraza de verano, la conversación animada e inteligente de siempre… y la complicidad establecida con ella. Ella. Esa noche había conocido, por fin, a la novia de él. Era una mujer espléndida, atractiva, divertida, ingeniosa, culta, inteligente; realmente eran tal para cual. No tuvo la menor duda que esa relación llegaría lejos y se alegraba, se alegraba desde lo más profundo de su corazón, porque deseaba verle feliz y nunca antes le había notado tan dichoso. Pero, ¿por qué esa mirada en el momento de despedirse?

El sueño finalmente la venció. Al día siguiente la pregunta seguía rondándole por la cabeza, pero parecía que por fin había encontrado una respuesta: hay miradas que son un regalo y ese es su verdadero significado.

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Sant Joan

Sant Joan

Cada mañana, justo después de apagar el despertador, enciendo la radio para escuchar las noticias mientras me preparo para salir de casa e ir al trabajo. En la emisora que sintonizo, ponen una canción justo antes de las 8 de la mañana y procuran que cada día tenga que ver con la noticia más importante de la jornada. Ayer eligieron Per Sant Joan de Joan Manuel Serrat.

Mi madre me había hablado muchas veces de ella, del fiel relejo que el letrista hace de las noches de San Juan de la época en que mi madre era pequeña, y, mientras me tomaba el café y escuchaba la canción, la nostalgia apareció. Volví a revivir los sanjuanes de mi niñez en casa de mis tíos abuelos: por la tarde, algunos niños del barrio venían a pedir madera o trastos viejos para montar su hoguera y, desde el balcón, veíamos como la más cercana iba creciendo; luego íbamos a la panadería y comprábamos el pan de molde para la cena especial de la noche, sándwiches que preparaba concienzudamente con mi tía. De postre comíamos la tradicional coca de Sant Joan que mi abuelo había comprado en la pastelería. Finalmente, salíamos al balcón y veíamos los fuegos artificiales pintar el cielo de Barcelona. No era una gran fiesta en realidad pero, la ilusión de los niños que pedían madera por las casas, la de mis tías por tener a toda la familia reunida una vez más en casa y la de una niña por vivir todo aquello intensamente, hacen que esos sanjuanes sean de los más especiales de mi vida.

Formulé un deseo en la noche de San Juan…

Formulé un deseo en la noche de San Juan…

Hace casi un año dejé este blog parado con una carta dirigida al personaje de Irenia creado por José Luis Sampedro de quién adopté el nombre al sentirme identificada con su manera de sentir y entender la vida; unos días antes, colgué la letra de una canción de Presuntos Implicados que, ligeramente, tiene algo que ver con la mágica noche de San Juan y la tradición de pedir deseos, quizá porque yo también pedí uno esa noche de San Juan.

En este tiempo de alejamiento bastantes cosas han cambiado en mi vida, algunos sueños se han cumplido, otros, en cambio, deberán esperar todavía unos sanjuanes más. Pero lo más importante es que por fin he recuperado el vigor que le pedía a Irenia en mi carta. Me vuelvo a sentir llena de energía, de vitalidad, con el ánimo levantado a pesar de tener todavía algunos de los problemas que me preocupaban hace un año y medio. Ahora soy más Irenia que nunca y, justo por eso, este blog vuelve a resucitar.

Per Sant Joan - Joan Manuel Serrat

Per Sant Joan - Joan Manuel Serrat

Feliz verbena de San Juan. Espero que vuestros deseos se cumplan.

Un vespre quan l'estiu obria els ulls
per aquells carrers on tu i jo ens hem fet grans,
on vam aprendre a córrer,
damunt un pam de sorra
s'alçava una foguera per Sant Joan.

Llavors un tros de fusta era un tresor
i amb una taula vella ja érem rics.
Pels carrers i les places
anàvem de casa en casa
per fer-ho cremar tot aquella nit
de Sant Joan.

Érem quatre trinxeraires.
No en sabíem gaire
de les llàgrimes que fan que volti el món.
Anàvem entrant a la vida.
Mai una mentida,
no ens calia i res no ens robava el son...

Els anys m'han allunyat del meu carrer
i s'han perdut aquells companys de jocs.
El bo i el que fa nosa
com si qualsevol cosa.
Sembla que tot s'hagués cremat al foc
de Sant Joan.

I ara, aquesta vesprada
una altra vegada
veig els 'nanos' collint llenya per carrer.
Corren.
Com jo abans corria.
Els crido i em miren
com si fos un cuc estrany i passatger.

Doneu-me un tros de fusta per cremar
o la prendré d'on pugui, com ahir,
com si no n'hi hagués d'altra.
Jo he sigut com vosaltres.
No vull sentir-me vell aquesta nit.

Que un tros de fusta torni a ser un tresor.
Que amb una taula vella sigui ric.
Pels carrers i les places
aniré de casa en casa
per fer-ho cremar tot aquesta nit
de Sant Joan.

Por San Juan - Joan Manuel Serrat

Un anochecer cuando el verano abría los ojos
Un anochecer cuando el verano abría los ojos
por aquellas calles donde tú y yo nos hemos hecho mayores,
donde aprendimos a correr,
sobre un palmo de arena
se alzaba una hoguera por San Juan.

Entonces un trozo de madera era un tesoro
y con una mesa vieja ya éramos ricos.
Por las calles y las plazas
íbamos de casa en casa
para quemarlo todo aquella noche
de San Juan.

Éramos cuatro golfillos.
No sabíamos gran cosa
de las lágrimas que hacen que gire el mundo.
Íbamos entrando en la vida.
Nunca una mentira
nos era necesaria y nada nos quitaba el sueño.

Los años me han alejado de mi calle
y se han perdido aquellos compañeros de juegos.
El bueno y el que estorba
como si tal cosa.
Parece que todo se haya quemado en el fuego
de San Juan.

Y ahora, este anochecer
otra vez
veo a los mozalbetes recogiendo leña por la calle.
Corren.
Como yo antes corría.
Les llamo y me miran
como si fuera un gusano extraño y pasajero.

Dadme un trozo de madera para quemar
o la cogeré de donde pueda, como ayer,
como si no hubiera otra.
Yo he sido como vosotros.
No quiero sentirme viejo esta noche.

Que un trozo de madera vuelva a ser un tesoro.
Que con una mesa vieja sea rico.
Por las calles y las plazas
iré de casa en casa
para quemarlo todo esta noche
de San Juan.

Carta a Kilia, Falkis, Nur, Irenia, Glauka...

Carta a Kilia, Falkis, Nur, Irenia, Glauka...

Kilia, Falkis, Nur, Irenia, Glauka... cinco nombres para una sola mujer, cinco nombres para una sola existencia.

Ahram te bautizó como Glauka pero para mí siempre serás Irenia, porque con ese nombre te conocí y descubrí lo que teníamos en común.

Tu vida ha vuelto a la mía impregnándola de fuerza, lucha, ilusión... En definitiva, de Vida.

¡Cuánta razón tenías cuando dijiste que «la vida no se cansa de reflotarnos, viene otra ola y nos levanta, es misericordiosa, las penas dan realce a las delicias, éstas no lo serían sin aquellas»!

Me queda tanto camino por recorrer, tanto por luchar, por sentir, por vivir. Pero sé que tú estarás allí dándome ejemplo; no en vano elegiste la mortalidad en vez de vegetar como ser inmortal.

Gracias por estar allí, esperándome para volver a contarme, con tu voz de sirena, tus penas, tus amores, tus vértigos. Y gracias por permitir que aprenda de ellos.

Sentir su calor - Presuntos implicados

Sentir su calor - Presuntos implicados

Formulé un deseo en la noche de San Juan...

Formulé un deseo
en la noche de San Juan
a la estrella que cruzó el cielo
porque sé que no hay nada, nada igual.

Quiero sentir su calor
sentir tu calor
quiero dormir al amor de su piel
quiero sentir su calor
notarle alrededor
quiero dormir al amor de su piel.

Quiero encender el fuego
apagar mi sed
en las dunas y en la luna
de su espalda y de mi pecho, yo

Quiero ser su trebol de hojas pares
y su margarita impar
ser testigo de sus sueños
porque sé que no hay nada, nada, no
como sentir su calor.

Elefante encadenado - Jorge Bucay

Elefante encadenado - Jorge Bucay

Una compañera de trabajo me ha regalado esta mañana este cuento de Jorge Bucay acerca de las cadenas que nos atan. ¡A ver si somos capaces de romper con ellas!

Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de su peso, tamaño y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.
Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.
El misterio es evidente:
¿Qué lo mantiene entonces?
¿Por qué no huye?
Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapa porque estaba amaestrado.
Hice entonces la pregunta obvia:
–Si está amaestrado ¿por qué lo encadenan?
No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.
Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.
Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta:
El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.
Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca.
Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo.
La estaca era ciertamente muy fuerte para él.
Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía...
Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a sus destino.
Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no escapa porque cree –pobre– que NO PUEDE.
Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer.
Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro.
Jamás... jamás... intentó poner a prueba su fuerza otra vez...
Vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad... condicionados por el recuerdo de «no puedo»...
Tu única manera de saber, es intentar de nuevo poniendo en el intento todo tu corazón...

JORGE BUCAY, «Recuentos para Demián»

Sant Jordi y el silencio

Sant Jordi y el silencio

Hace días que no te escribo; una semana para ser exactos.

Estos días han sido movidos, muy movidos; apenas doy abasto con todo lo que llevo entre manos y
la apatía se ha apoderado de mí.

El viernes fue Sant Jordi. Ya sabes lo especial que ha sido siempre ese día para mí: me gusta ver las calles llenas de libros y rosas, perderme por las Ramblas contemplando el corazón de mi ciudad, descubrir las caras de los turistas alucinados al ver todo lo que pasa delante de ellos... Quizá por eso, tu ola (absolutamente desconocida para mí) me envió tu respuesta ese día (no, no dejaré que los piratas puedan conmigo).

Pero en este Sant Jordi eché en falta la ilusión de los precedentes. Salí a la calle como cada año, y como cada año fui con L. Paseamos por las Ramblas, nos mojamos en Rambla Catalunya (la tormenta de verano adelantada nos pilló allí) y acabé en el stand de la empresa para la que aún trabajo, donde los escritores, mojados por la tormenta que acababa de caer, comentaban el transcurso de la jornada entre ellos, felices, conscientes de que ese era su día. Pero yo sentía que me faltaba algo.

Al llegar a casa encontré dos rosas esperándome: la de mi padre de cada año y otra virtual enviada por un amigo que me sorprendió y dio un poco de calor a mi corazón. Ese detalle me hizo sonreír y me recordó que, en los momentos difíciles, siempre hay quien te tiende una mano.

Buenas noches. Espero escribirte un poco más esta semana, y si no lo hago, por favor, no me lo tengas en cuenta.

La incógnita

La incógnita

Hoy he tenido la necesidad de ir a verte, de verte y de hablarte como hice con tu hermano hace sólo unos días. A veces pienso que vosotros tenéis las respuestas a todas nuestras dudas: sois viejos, sabios e indomables. Pero no he podido hacerlo, sólo he podido escribirte esta carta y enviártela en una botella imaginaria con la esperanza de que la recibas y puedas dar respuesta a la incógnita de qué me está ocurriendo.

Hace tiempo que me noto rara, distante, incluso arisca, y este fin de semana me he dado cuenta de que hace demasiado que esto ocurre.

No me apetece mantener largas conversaciones como antes; me cansa lo que antes me distraía; en las reuniones con mis amigos estoy como ausente; no tengo ganas de salir y me obligo a ello para no encerrarme en mí misma; apenas consigo que algún libro nuevo logre engancharme; pocas películas consiguen captar mi atención. Sólo busco aquello que me haga reír y me haga olvidar por unos instantes de mi realidad más cercana.

Las vacaciones fueron una paréntesis en esta situación, pero el viernes, al saber el día en el que me quedaré sin trabajo, me salió un cansancio viejo que parece haberse apoderado de mí.

Supongo que todo se debe a la tensión acumulada en estos meses y al saber que, en realidad, todo no ha hecho más que empezar. Todavía me queda mucho camino por recorrer.

Sé que algunas relaciones se han resentido de todo esto y espero que puedan entender los motivos que me han llevado a actuar de una forma determinada en algunos momentos.

Confío en que, desde lo más profundo de tu ser, nazca una ola que me traiga una respuesta, y ésta venga acompañada de la fuerza y la esperanza para seguir adelante. Mientras, seguiré escribiéndote.

La playa - La oreja de Van Gogh

La playa - La oreja de Van Gogh

No hay quien pueda olvidar esa inmensidad y todo lo que significa.

No sé si aún me recuerdas,
nos conocimos al tiempo
tú el mar y el cielo
quien me trajo a ti.

Abrázaste mis abrazos
vigilando aquel memento
aunque fuera el primero
y lo guardara para mí.

Si pudiera volver a nacer
pediría cada día amanecer
sonriendo como cada vez
como aquella vez.

Te voy a escribir la canción mas bonita del mundo
voy a capturar nuestra historia en tan solo un segundo
un día veras que este loco
de poco se olvida
por mucho que pasen los años de largo en su vida.

El día de la despedida
de esta playa de mi vida
te hice una promesa:
volverte a ver así.
Más de 50 veranos
hace hoy que no nos vemos
ni tú, ni el mar, ni el cielo
ni quien me trajo a ti.

Si pudiera volver a nacer
pediría cada día amanecer
sonriendo como cada vez
como aquella vez.

Te voy a escribir la canción mas bonita del mundo
voy a capturar nuestra historia en tan solo un segundo
un día veras que esta loco
de poco se olvida.

Te voy a escribir la canción mas bonita del mundo
voy a capturar nuestra historia en tan solo un segundo
un día veras que esta loco
de poco se olvida.

El pleito de los delfines

El pleito de los delfines

Estas vacaciones me regalaron una curiosa historia acontecida hace muchos años en Candás, un bello pueblo pesquero del concejo de Carreño, con la condición de que la explicase en este blog. Así que Así que cumpliré mi parte del trato.

Corría el año 1624. La costa de Candás estaba infestada de delfines. Estos se comían la pesca y destrozaban las redes y los demás utensilios de pesca. Los candasinos estaban desesperados.

La universidad de Oviedo hacía poco tiempo que se había inaugurado y aprovechando la infraestructura de la Universidad, los marineros decidieron llevar a los delfines a juicio. Escogieron a uno de sus catedráticos en derecho para que defendiese a los delfines y a otro para que fuese el fiscal.

El pleito fue ganado por los candasinos y el juez sentenció que los delfines debían abandonar la costa de Candás. El notario de la población se embarcó y, una vez estuvo en alta mar, leyó la sentencia a los delfines quienes la acataron y desaparecieron definitivamente de esas aguas.

Un monumento, obra del escultor Santarúa, conmemora este suceso insólito.

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Volver a empezar

Volver a empezar

Tras cuarenta años de ausencia, Antonio Miguel Albajara (Antonio Ferrandis) regresa a su Gijón natal poco después de recoger el premio Nobel de Literatura. Allí reencuentra a Elena (Encarna Paso) su amor de juventud, al “Roxu” (José Bódalo) su amigo del alma con quien había jugado en el Sporting y en pocos días, mientras pasea por las calles de Gijón y visita algunos de los parajes más bellos de Asturias, recupera su juventud truncada por la Guerra Civil.

Esta película dirigida por José Luis Garci obtuvo el Oscar a la mejor película extranjera en 1982.

Fue precioso reconocer los lugares en los que Garci rodó esta película. Gracias por mostrármeos.

Volver a casa

Volver a casa

No tuve ni tiempo de despedirme, la última semana fue casi de infarto. Pero las vacaciones me han dejado como nueva. He tenido tiempo para descansar, para pensar, para ver a la gente que quiero y disfrutar intensamente de su compañía...

Aunque en realidad, volver a Gijón es como volver casa. Me gusta perderme por sus calles: Corrida, Los Moros, San Bernardo; andar sin rumbo por Cimadevilla, subir a la Torre del Reloj, contemplar el Retablo del Mar que se encuentra en la Casa-museo Jovellanos, llegar al Elogio del Horizonte que corona el Cerro de Santa Catalina; ver los barcos del puerto deportivo; pasear por el Paseo del Muro contemplando la playa de San Lorenzo; y sobre todo sentir el mar, percibir su olor, ver como cambia de color, como las olas rompen en la playa o en las rocas.

Estos días he hablado mucho con el mar, con ese mar que llevo en el corazón. Le he contado lo que siento, todo lo que me ha pasado en estos últimos meses como si de un confidente se tratase. Y él me ha contestado en su lenguaje, en un lenguaje que sólo entendemos quienes le amamos. Sé que él se ha llevado parte de mi congoja y me ha dado mucha fuerza, esperanza e ilusión.

La leyenda de Huandoy y Huascarán

La leyenda de Huandoy y Huascarán

La semana pasada gracias al trabajo descubrí esta preciosa leyenda sobre las montañas más elevadas de los Andes. A la izquierda tenéis a Huandoy que llora su pena sin cesar.

En el reino de la cordillera de los Andes, en el paraíso del valle del Callejón de Huaylas, vivían los dioses. El dios supremo, Inti (el sol), tenia una hija llamada Huandoy.

Huandoy era una bella joven. Su padre pensaba casarla para toda la eternidad con un dios de belleza similar, de iguales virtudes y tan poderoso como él. Pero en el corazón del valle, en el poblado de los yungas, Yungay, vivía un gentil y valiente joven mortal, llamado Huascarán, que se enamoró profundamente de Huandoy. Huandoy correspondía al gran amor de Huascarán.

Cuando el dios padre se enteró de los amores entre su hija y el joven mortal, le suplicó que le dejara, que vivir con un mortal no era conveniente para una diosa: pero la pasión de los jóvenes era superior a las súplicas del padre, a sus consejos y sermones.

Tan grande fue la rabia que sintió el dios supremo, Inti, ante la fuerza de este amor con un mortal, que maldijo a la pareja de amantes y los condenó para la eternidad a vivir separados. Los convirtió en dos grandes montañas de granito y los cubrió de nieves perpetuas para calmar su ardiente pasión. Entre las dos montañas situó un valle estrecho y profundo para que estuvieran totalmente aislados. En su furia, el dios padre elevó las montañas a una altura majestuosa, para que los jóvenes se pudieran ver, pero que nunca más se pudieran llegar a tocar.

Los enamorados lloran por su dolor, funden gota a gota la nieve que los cubre y sus llantos de amor se unen en un lago de color azul turquesa para toda la eternidad. Este lago recibe el nombre de Llanganuco y si un día vais a Perú lo encontraréis a una altitud de 3.400 metros sobre el nivel del mar. Las montañas que llevan los nombres de los príncipes Huandoy y Huascarán tienen una altitud de 6.560 metros y 6.768 metros: son las montañas más altas del valle y de todo el país.

Leyendas

Leyendas

Desde niña me han fascinado las leyendas, esas pequeñas historias que pretenden explicar hechos de nuestra realidad: el nacimiento del mundo, la existencia de un río o de una montaña, por qué el agua del mar es salada...

Seguramente la afición me viene de mi padre, que siempre que visitábamos un nuevo lugar investigaba sobre las historias allí acontecidas y muchas veces él inventaba las suyas propias. Me encantaba escucharle.

La verdad es que yo también he heredado esa pasión y antes de ir a una ciudad que desconozco me gusta empaparme de sus leyendas, y una vez estoy allí encontrar quien me cuente qué ocurrió en ese lugar muchos años atrás.

Quizá porque él siempre inventó historias para mí, ahora soy yo la que crea cuentos para aquellos que me importan. Creo que es una manera bonita y sencilla de decir muchas cosas que pueden parecer complicadas.

Una leyenda o un cuento te hacen soñar, despiertan tu imaginación y también las ganas de conocimiento. Aún recuerdo cuando siendo niña preparaba los exámenes de Historia como si de cuentos se tratase, o me veía viviendo en otras épocas.

Y es que dejar volar la imaginación en algunos momentos es muy fructífero.

Canto de alegrías - Walt Whitman

Canto de alegrías - Walt Whitman

Y, ¡navegar, navegar, navegar!

¡Oh, la alegría de un yo viril!
No ser esclavo de nadie, no deber deferencia a nadie, a ningún tirano conocido o desconocido, Marchar erguido, con pasos vivos y elásticos,
Mirar con mirada calmada o con ojos relampagueantes,
Hablar con una voz llena y sonora, que sale de un pecho robusto,
Poner frente a mi personalidad todas las otras personalidades de la tierra.

Oh, mientras yo viva, ser el rey de la vida, no su esclavo,
Afrontar la vida como un conquistador poderoso,
Sin cólera, sin hastío, sin quejas ni críticas desdeñosas,
Mostrar a estas leyes altivas de¡ aire, de¡ agua y del suelo, que mi alma interior es inexpugnable,
Y que ninguna cosa externa me dominará jamás.

Oh, luchar con otras fuerzas superiores, afrontar a los enemigos con intrepidez! ¡Hallarme enteramente solo con ellos, probar mi resistencia!
¡Contemplar la contienda, la tortura, la prisión, el odio popular cara a cara!
¡Subir al patíbulo, avanzar hacia la boca de los cañones con perfecta indolencia!
¡Ser verdaderamente un dios!
¡Oh, hacerme a la mar en un navío!
Abandonar esta intolerable tierra firme,
Abandonar la monótona uniformidad de las calles, de las aceras y de las casas, Abandonarte, oh tierra sólida e inmóvil, embarcarme en un navío,
Y, ¡navegar, navegar, navegar!

Navegar

Navegar

Navegando por uno de los blogs que me tiene robado el corazón, he encontrado esta frase:

Estar donde estamos, permanecer atentos a lo que ocurre para no hundirnos, coger con fuerza el timón son tareas primordiales. Y ante todo, seguir navegando con la confianza de que llegaremos a buen puerto. Silvia Salinas

La navegación es la metáfora perfecta de la vida: zarpamos, nos encontramos con con travesías plácidas, con tormentas que hacen tambalear el barco y en todo momento debemos luchar para no perder el timón y llegar a buen puerto.

Ahora mismo estoy en una de esas tempestades: los rayos quieren tocarme, quieren herir el palo mayor, pero haré lo imposible para que no lo consigan.

Navegaré, navegaré, navegaré.

Entereza

Entereza

Al salir de casa el cielo estaba negro. Parecía un día de invierno y no de primavera. No volví atrás a por el paraguas. Pensé que quizá no descargaría antes de volver del oftalmólogo.

Cuando salí de la visita llovía, parecía que el cielo vertiese lágrimas como hacía yo. Las peores expectativas se cumplieron: no volveré a ver con el ojo izquierdo.

El día de antes salí de la consulta con la sonrisa pintada en la cara: parecía que después de medio año podría volver a ver; pero mi ojito no resistió la prueba: se hirió de nuevo, ha padecido demasiado ya.

Hoy sigue lloviendo, incluso hace más frío que ayer, siento como penetra en mi cuerpo y cala hasta mis huesos. Pero la entereza me acompaña. Me veo con fuerza para asumirlo, aunque no me daré por vencida, lucharé para volver a ver; no tiene por qué ser mañana, ni pasado, sólo espero que ocurra alguna vez.

Cambios

Cambios

Se avecinan cambios. Me dieron la noticia ayer. Ya hacía días que la esperaba pero el golpe ha sido fuerte igualmente. Probablemente en junio me quede en paro; no hay trabajo para todos y los últimos en llegar siempre son los primeros en irse.

La verdad es que no sólo lo sentiré por lo que representa buscar un trabajo de nuevo, sino por los compañeros que dejaré atrás, por la tarea que desempeño, por la cantidad de cosas que aprendo día tras día, por el espíritu de superación que representa mi labor.

Justamente antes de ayer, mientras adaptaba un cuento para niños de cuatro años, pensaba en lo afortunada que era por estar allí, pero ya hace tiempo que la cosa está mal.

Este año nos lo hemos pasado casi todo en blanco y eso es insostenible.

Quizá y sólo quizá pueda seguir adelante. Pero no depende de mí, ni siquiera de mi jefe; depende de las altas instancias del estado.

Sólo espero que la reforma que hagan sea lo que nos merecemos.

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El sudor - Miguel Hernández

El sudor - Miguel Hernández

Trabajo, divino tesoro.

En el mar halla el agua su paraíso ansiado
y el sudor su horizonte, su fragor, su plumaje.
El sudor es un árbol desbordante y salado,
un voraz oleaje.

Llega desde la edad del mundo más remota
a ofrecer a la tierra su copa sacudida,
a sustentar la sed y la sal gota a gota,
a iluminar la vida.

Hijo del movimiento, primo del sol, hermano
de la lágrima, deja rodando por las eras,
del abril al octubre, del invierno al verano,
áureas enredaderas.

Cuando los campesinos van por la madrugada
a favor de la esteva removiendo el reposo,
se visten una blusa silenciosa y dorada
de sudor silencioso.

Vestidura de oro de los trabajadores,
adorno de las manos como de las pupilas.
Por la atmósfera esparce sus fecundos olores
una lluvia de axilas.

El sabor de la tierra se enriquece y madura:
caen los copos del llanto laborioso y oliente,
maná de los varones y de la agricultura,
bebida de mi frente.

Los que no habéis sudado jamás, los que andáis yertos
en el ocio sin brazos, son música, sin poros,
no usaréis la corona de los poros abiertos
ni el poder de los toros.

Viviréis maloliendo, moriréis apagados:
la encendida hermosura reside en los talones
de los cuerpos que mueven sus miembros trabajados
como constelaciones.

Entregad al trabajo, compañeros, las frentes:
que el sudor, con su espada de sabrosos cristales,
con sus lentos diluvios, os hará transparentes,
venturosos, iguales.

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